Somos lo que pensamos y hacemos, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El nuevo rol del directivo actual está evolucionando desde la estructuración de tareas, a modelar comportamientos. Este cambio busca una mayor implicación y compromiso del equipo, cambiando el papel de mando por el de facilitador.
Para gestionar la complejidad, derivada de un entorno cambiante y cada vez más competitivo, el directivo actual debe movilizar voluntades para conseguir resultados.
La formación tradicional, si es de calidad, consigue habitualmente buenos resultados. Ahora bien, carece en muchos casos del nivel de personalización necesario. El tiempo disponible, el número de participantes, la falta de intimidad, etc. configuran un entorno que no facilita la personalización del entrenamiento. La modalidad de coaching -entrenamiento- permite al directivo prepararse para afrontar la complejidad y la incertidumbre con mayores garantías de éxito.